STRESS: ENTENDERLO PARA CONTROLARLO
CÁTEDRA BIENESTAR Y EMPRESA

Elisa Errea

STRESS: ENTENDERLO PARA CONTROLARLO (5 minutos de lectura)

La palabra stress, tal y como la conocemos hoy, la acuñó Hans Seyle, un endocrino vienés, en el año 1936. Observó que muchos de sus pacientes aquejados de enfermedades crónicas compartían ciertos síntomas psicosomáticos que definió como stress. Seyle invirtió su carrera tratando de definir el stress desde todos los ángulos, incluido el positivo. Lamentablemente, dados sus efectos en la sociedad, nos hemos quedado con la definición negativa de tensión o esfuerzo físico, mental o emocional que surge cuando una persona siente que lo que se le exige (y yo añadiría “lo que se exige a sí mismo”) excede sus recursos personales o sociales.

El stress se considera ya una pandemia. Se calcula que en Estados Unidos el 60%-80% de las visitas a los médicos de familia están relacionadas de alguna manera con el stress (estudio).

Vale la pena saber cómo funciona el stress para entender cómo podemos modificar nuestra respuesta a los “estresores”.

La conexión Estímulos externos – Mente – Cuerpo

Cada segundo, tu cerebro está procesando todo lo que sucede a tu alrededor y también dentro de ti: tus hormonas, azúcar en la sangre, niveles de oxígeno, tu intestino… Se trata de saber si estás a salvo o el cuerpo se tiene que preparar para alguna amenaza. Básicamente, funcionamos en dos modos: “Modo D” (Descanso) o “Modo P” (Peligro). Para entendernos, en Modo D estamos tranquilos, concentrados y a salvo. Nuestro cuerpo se concentra en la digestión y la regeneración. En Modo P nos sentimos amenazados y nos preparamos para luchar o huir a toda velocidad y el cuerpo se prepara para ello. Podemos recurrir al clásico ejemplo del tigre a punto de atacarnos o a un coche a punto de atropellarnos: El cuerpo reacciona como Clark Kent quitándose la camisa para dejar a la vista su traje de superhéroe. Las pupilas se dilatan para que veas mejor, la respiración y el corazón se aceleran para bombear más sangre y hacer llegar más oxígeno a las células de tu cuerpo, aumenta el azúcar en sangre para asegurar el suministro de glucosa a los músculos; al mismo tiempo, se inhiben todos los sistemas no esenciales del Modo D: el digestivo, el inmunológico, el reproductor…

Si nos paramos a pensarlo, todo eso también sucede cuando estamos emocionados y concentrados con un proyecto, en una competición o, simplemente, enamorados… El stress nos ayuda a dar lo mejor de nosotros. La respuesta en sí no es negativa, siempre y cuando sea temporal y Clark Kent vuelva tranquilamente al Daily Planet…

Los mensajeros: las hormonas

El sistema de comunicación es sofisticado y efectivo: Tu cerebro procesa el estímulo y el hipotálamo es quien primero lanza la señal de alarma, secretando una hormona que llega a la glándula pituitaria que, a su vez, lanza otra a las glándulas suprarrenales. Aquí es dónde sucede todo: se secretan adrenalina y noradrenalina primero, con un efecto a corto plazo y cortisol después, con efectos algo más duraderos.

El sistema es muy inteligente y está diseñado para ayudarnos a rendir al máximo en caso de necesidad.

¿Qué sucede cuando nuestro cuerpo interpreta que estamos permanentemente amenazados?

Lo que sucede es que nuestros “superpoderes” no desaparecen: nos quedamos con la hipertensión, el azúcar en la sangre, los músculos tensos y el nivel de cortisol elevado, que nos impide dormir (Dormir no está recomendado cuando te va a atropellar un coche…). A nivel emocional, nos sentimos amenazados, intranquilos y vulnerables.

¿Podemos controlar nuestra respuesta?

Aún a riesgo de simplificar en exceso, sólo tenemos dos soluciones: eliminar las causas del stress (matar al tigre) o comunicar al cerebro que lo que tenemos delante no es un tigre sino un gato. En realidad, hay una tercera vía, el TPM, que analizaremos después.

Las causas del stress pueden ser grandes o pequeñas. Para las grandes experiencias traumáticas, los psicólogos está preparados para ayudarnos a integrar y superar los acontecimientos más difíciles y no hay que dudar en pedir ayuda. Para los pequeños y medianos estresores diarios, tenemos muchas oportunidades de evitar aquello que nos estresa.

Matar al tigre: hacer, dividir o pedir ayuda

En primer lugar, necesitas papel y lápiz. Escribe todo aquello que te molesta o te preocupa a diario, da igual lo insignificante que parezca: el jabón de manos que se acaba y al que ya has añadido agua 3 veces, una luz fundida, la batería por cambiar en el mando a distancia, la suela del zapato por cambiar, decidir si nuestra hija adolescente puede ir de fin de semana con sus amigos, la cita en el dentista, la ropa por planchar, la mesa desordenada, otro día comiendo un sándwich, la fecha de entrega a la que no llego, encajar todos los recados por hacer esta tarde, un compañero desagradable que me quita las ganas de ir a trabajar…

Una vez tienes la lista, clasifica en tres columnas: Hacer algo al respecto / dividir en tareas más pequeñas (y hacer) / pedir ayuda.

Date tiempo, gestionar la lista te llevará entre uno y tres meses y después volverá a crecer. La diferencia será que te habrás acostumbrado a gestionar las cosas de otra manera y tu sensación de control será mucho mayor. Nuestro stress suele estar relacionado con la sensación de falta de control. Tener todos tus problemas en el papel y empezar a gestionarlos, empezando por los más sencillos, genera un efecto dominó que te llevará a acometer las situaciones más complejas con una actitud de seguridad y control.

No es un tigre, es un gato.

En otras ocasiones, generamos nuestro propio stress por una percepción subjetiva de las cosas. Nos preocupan demasiado el futuro (Hoy es el mañana que te preocupaba tanto ayer) y la sensación de no poder, de no estar suficientemente ——- (preparada, bien vestida, delgada, en forma…). Como dijo Eleanor Roosevelt, nadie puede hacerte sentir inferior sin tu permiso. Cuestiona si lo que te preocupa tanto es tan serio o importante, ¿Estás analizando demasiado las cosas?, ¿Estás seguro de saber lo que pasa por la cabeza de los demás? ¿Qué pasaría si se diera el peor escenario?

El TPM: la solución definitiva.

Muchos nos levantamos y en el momento en que ponemos un pie en el suelo empieza una carrera contra reloj: ¿Por qué nos hemos acostumbrado a vivir tan deprisa? Las obligaciones se suceden una tras otra y terminamos el día agotados física y emocionalmente. Sólo 15 minutos de TPM o Tiempo Para Mí pueden ser la solución a nuestro desgaste. Si puede ser más, mejor. El TPM se puede plantear de mil maneras. Se trata de generar sensaciones de tranquilidad y recompensa: apagar el móvil durante una hora, escuchar música con los ojos cerrados sin hacer nada más, hacer un puzzle, caminar a la luz del día, meditar o estar en silencio 15 minutos, acercarte a un parque o a ver el mar, tocar la guitarra, hacer yoga, llamar a un amigo…

Sólo 15 minutos al día es una manera de empezar, pero nunca será demasiado. Tu relación con los demás mejorará en la medida en la que te dediques un poco de tiempo a ti mismo.

¿Y cómo creamos entornos profesionales libres de stress?

Éste será uno de los temas centrales de la Cátedra Bienestar y Empresa del IICH y una de sus líneas de actuación más importantes. Cambiar la “Gestión del stress” por la “Gestión de la empresa para evitar el stress”. Un entorno de bienestar en la empresa asegurará que a nadie se le exija ninguna tarea para la que no esté preparado o no tenga tiempo suficiente de realizar en un plazo determinado. La OMS define un trabajo saludable como aquel en el que las presiones sobre los empleados sean adecuadas a sus habilidades y recursos, con la cantidad de control que tienen sobre su trabajo y con el apoyo que reciben. Dado que la salud no es simplemente la ausencia de enfermedades o dolencias, sino un estado positivo de completo bienestar físico, mental y social (OMS, 1986), un ambiente de trabajo saludable es aquel en el que no solo hay ausencia de condiciones nocivas, sino también abundancia de promotores de la salud.

Desde el IICH nos comprometemos a ayudar a aquellas empresas que desean priorizar el bienestar de sus empleados, minimizando el stress.

 

 

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